Comunicado de prensa

Bogotá, agosto 17 de 2011. El XV Encuentro Internacional de la Red de Mujeres de Negro, convocado por la organización Ruta Pacífica de las Mujeres en la ciudad de Bogotá, continuó su programación con temas coyunturales que lograron la atención de las más de 350 mujeres reunidas en el auditorio Gabriel García Márquez.

Testimonios desgarradores que nos llevan a dimensionar los alcances de la guerra; rostros de mujeres luchadoras que a pesar del drama personal siguen contribuyendo a un mundo de paz; y decenas de activistas comprometidas con un futuro sin violencias para las mujeres, fueron algunos de los aspectos más relevantes de la segunda jornada de este importante evento.

En medio de tantas declaraciones de violencias en contra de las mujeres es difícil, si no imposible, identificar cuál es la peor de todas “los hijos eran obligados a violar a sus madres, y los padres eran obligados a violar a sus hijas”, relató una mujer proveniente de la República democrática del Congo al referirse a la situación vivida en su país luego de la guerra de Ruanda iniciada en 1990.

Otra mujer, proveniente de Filipinas, narra aún consternada “tres soldados del Ejército japonés me llevaron a una base municipal y allí me violaron durante muchas noches, yo tenía 14 años, no entendía por qué me estaba pasando eso si yo no había hecho nada malo”. Las mujeres no tenemos que haber hecho algo “malo” para sufrir violencias, tenemos que ser simplemente mujeres para convertirnos en botín de guerra.

A pesar de tanto dolor, de tantas heridas que nunca se cerrarán, las mujeres seguimos demostramos que jamás seremos el sexo débil “les habla una madre que enterró a sus hijos con dignidad, y que continua en el ejercicio de activista con mayor convicción. Su orgullo y motivación la mantienen moviéndose y yendo siempre hacia adelante”. Testimonio de una mujer de Bosnia que encontró a su hijo y a su hija en medio de más 100 cadáveres luego de una larga y dolorosa búsqueda.

Las mujeres no se resisten, las mujeres no callan, las mujeres nunca han estado ni estarán dispuestas a aceptar una guerra que mata a sus seres amados y deja en ellas una huella imborrable de impotencia.


“Como si nuestros cuerpos fueran picados por miles de agujas”